
Aquel viaje era duro.Y más en el momento en el que se encontraban. Dicen que cuando un hombre ansía la libertad hace cualquier cosa con tal de conseguirla. Pero lo que nadie dice es que las pruebas que ha de superar son las más crueles que existen. No solo para su cuerpo, sino tambien para su alma.
Yerik y su família caminaban por las calles soviéticas, rumbo a la frontera. El deseo de querer vivir una vida tranquila, libre de ideologías políticas y del frío control del gobierno, les había convertido en objetivo de todo el odio, tanto para sus camaradas soviéticos, como para sus supuestos enemigos y futuros vecinos, los americanos. Ser unos traidores para los primeros, y unos espías para los otros, era más duro de lo que habían imaginado. Desde el momento en el que pusieron un pie fuera de su patria, ya no poseían ningún lugar al que regresar. Y tan solo podían agarrarse a eso, para seguir adelante sin mirar atrás.
Sin embargo, para su sorpresa, la gente de otros países que estaban entre las dos superpotencias, fueron amables con ellos. Les dieron cobijo y comida durante su viaje hacia Francia. Estaban a medio camino de aquella "tierra de libertad", pero sabían que el verdadero recorrido, el de la aceptación y respeto, requeriría mucho más tiempo, posiblemente años. Yerik se acostaba cada noche pensando en ello, deseando que no fuese tan difícil como él creía que iba a ser. Pero no se podía permitir flaquear tampoco. Tenía que proteger a su hermano y a su madre, ser fuerte por ellas. Sin duda era demasiado joven como para soportar él solo semejante deber pero... ¿Qué otra opción tenían?
Entonces llegó el día. El día en el que sus sueños se hicieron realidad en forma de una simple imagen: La estatua de la Libertad, dándoles la bienvenida al puerto de Nueva York. Ese mismo instante lo habían visto alguna vez en su antiguo hogar, en alguna película americana, antes de que fuesen censuradas como "propaganda capitalista". Pero aquello no era igual que verlo en persona, mientras el mar estaba un poco revuelto por la tormenta que amenazaba la ciudad de las luces. Simplemente era magia pura.
Nada mas atracar notaron la gran seguridad que había en aquél lugar, con sus frías miradas clavándolas en sus rostros. Sin duda era una época de gran desconfianza, y lo entendía. Pero al menos no serían tratados como traidores como en su patria. Cuando entraron al piso en el que vivirían a partir de ahora, Yerik suspiró de alivio. El viaje había terminado. Ahora "solo" queda ganarse el respeto y la aceptación de su nuevo país. Se acostó en su nueva cama, y se tapó bajo las mantas tratando de soñar con algo más agradable esta vez, el calor de un amigo que le haga sentir en su corazón. Sentir que ha valido la pena cruzar medio mundo para vivir dignamente y en paz.
Al día siguiente salió a hacer la compra, se puso su boina negra y buscó por su barrio alguna tienda en la que comprar comida, y además empezar a conocer su entorno. Notaba las miradas de la gente a su alrededor. El tener un pelo tan largo y rubio, junto con su piel delicada y pálida, le hacía destacar sobre los demás. Pidió ayuda a un joven como él, para encontrar algún supermercado. El rubio, sonriente, se ofreció a guiarle, aunque le confundió con una chica ya que la llamo "blondie". Yerik se confió, y no se percató de que había ido con él por un callejón, sin que nadie pudiera verlos. Y cuando se dió cuenta era demasiado tarde, el chico rubio se le acercó y empezó a tocar sus manos, diciendo que "quería darle la bienvenida al barrio". Yerik se puso nervioso, y pensaba: "el primero día y ya me pasan estas cosas, no me lo imaginaba así...", a la vez que intentaba buscar una manera de escapar de esa situación embarazosa.
Pero de repente, otro joven, esta vez moreno y de pelo rizado, se interpuso entre Yerik y su asaltante, protegiéndole. Aunque, cuando el chico rubio sacó una navaja, el moreno se cagó encima literalmente. Así que Yerik no tuvo más remedio que utilizar las pocas cosas que su padre le enseñó allá en la Unión Soviética, combate cuerpo a cuerpo para desarmarle con tan solo una patada.
Al final su "guía" tuvo que huir con el rabo entre las piernas. Yerik cogió su boina, que había caido al suelo, y se la colocó en la cabeza de nuevo, mientras miraba al chico moreno, que se había quedado con cara de tonto por aquella pelea. Enfadado, Yerik le gritó en ruso, llamándole "inutil" por ser incapaz de ayudarle y, además, por tener esa cara de tonto que le miraba como si hubiese visto un mono. Y así se marchó enfadado, aunque mas tarde se arrepintió de ello y de no haberle dado las gracias. Desistió en buscar el supermercado y volvió a casa, ya que su primer día en américa había sido un desastre. Pero al menos, vió que no todo el mundo desconfiaba de él, e incluso arriesgaban su vida por protegerle. Solo con ese pensamiento ya podía dormir tranquilo, y esperar que mañana fuese un día distinto.
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